9 de marzo de 2015

Cementerio

Todos los días muero dos o tres veces, depende de si llueve o no. 

Estoy pensando en todas las manos que me han tocado el pelo,
que se han resbalado por mi ombligo,
y han acabado en mis vértices. 

No conozco a nadie que se haya fijado en el color de mis zapatos, 
solo les importa si llevo falda, 
que es más fácil alzar el vuelo. 

Tengo una libreta llena de dibujos que no dicen nada de ti, 
ni de mí. 

Hace meses que no huele a mandarinas,
que no me leen un libro, 
que no me pintan la cara. 

Y sin embargo, siempre sonrío, 
como si me regalaran flores todos los días. 

El cementerio de mi vida está en mi boca. 
Y nadie lo sabe. 

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