2 de marzo de 2015

Excepto

Todos los días soy Noviembre, menos cuando sale el sol. 
Si me pueden atravesar el costado, mientras gritan mi nombre, soy siempre felicidad. 
Y no quisiera, que nadie pensara, que lloro por no reír. 
A veces, no puedo morirme más veces en una misma boca y acabo por utilizar la mía. 
Tengo trescientos sesenta y cinco días, sin bisiesto, para bailar desnuda en cuartos que no son míos. Y casi nunca lo hago. 
Lo que no nos hace sonreír del todo, es nuestra forma de pensar. 
No se van a apagar las luces de golpe para que podamos besarnos. Aunque (nos) queramos mucho. 
Tengo que pedirle a diciembre, que me regale la fuerza, que las ganas ya las tengo. 
Nunca he podido hablar de El Principito sin echarme a llorar. Todavía no he dejado de latir. 
Aunque no lo creáis, los mejores espectáculos no se llevan al teatro. Mi vida, que es un drama chiquitito, da para un poemario en prosa, que nunca fui de rimar, y poco más. 
Si supierais todos los abrazos que doy por no volar dejaríais de creer en mí.


Yo ya lo he hecho. 

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