9 de marzo de 2015

Tinta

Nadie me besa el ombligo.

Siempre me ha dolido que no me abracen después de.
Mis hilos están tan deshechos que ni siquiera tengo forma.

Me bailan todas las noches que no soy fuerte.
Y yo sonrío, aunque solo sea capaz de descoserme.

Los lunares de mi espalda,
y de mi cara,
son todas las veces que no me has dibujado.

Nunca he conseguido vivir en blanco y negro,
pero deberías saber que la tinta me debilita,
y contra eso no puedo hacer nada.

Yo, que nunca me acuerdo del ello,
beso personas como si no nos volviésemos a encontrar nunca.

Y a lo mejor,
no ocurre,
pero yo me moría por probarlo.

Las ganas de volver a volar de nuevo.

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