22 de abril de 2015

Sangrar(te)

Yo no volví a saber nunca más de ti. Y ni siquiera te importó.

Nunca me pintaste la espalda con rotuladores de colores,
ni me escribiste lo mucho que no me querías en la tripa.
Yo lo hubiera sabido así,
que no tenía nada que hacer,
aunque me abrazaras fuerte
y rieras a carcajadas.

Siempre supe que si no era capaz de bailarte el pecho,
da igual que lo hiciera en tu ombligo,
tú nunca querrías atravesarme el costado pidiéndome que me quedara,
y yo iba a sangrar demasiado
las ganas que tenía de no irme de tu cama.

Las veces que no me oíste llorar,
fue porque no quisiste verme,
del todo bien,
como yo era,
débil,
y un tanto valiente para asaltarte la boca cuando no lo esperabas.

Siento haberte hecho perder el tiempo,
nunca supe verlo,
entiéndeme,
yo siempre quise que alguien me remendara los párpados
las noches que no podía dormir,
y tú siempre estabas a las dos de la mañana,
pero en las barras equivocadas.

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