13 de agosto de 2015

Muérdago

A veces vuelve 1999,
la mirada perdida,
fumar por hablar,
los diptongos impronunciables,
tu boca que no es humana
y mis ganas de desaparecer completamente. 

Entendí,
que podríamos haber sido invierno a mitad de agosto,
lobos enjaulados en la misma habitación,
los tres primeros días de septiembre
y que todo hubiera acabado
en el mismo momento en el que empezó.

Pero nunca íbamos a saber sobrellevarlo. 

Yo hubiera bailado
día sí
y noche también 
en tus pupilas
hasta que tus párpados no pudieran soportarlo más
y me cayera 
de repente
en medio de tu ombligo.

Luego hubiera sido todo distinto.
No sé si M-Clan sabía que Carolina era su perdición
pero yo de rendiciones ando servida. 

En mitad de tus calles solo había luces incandescentes
y hojas de muérdago esperando a que nadie se parara
y se abrazara demasiado fuerte debajo de ellas.

Al final entenderás
que todas las ruinas no son tan desastrosas
y que Roma no se construyó en un día
pero hay bocas que sanan cualquier catástrofe. 

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