28 de septiembre de 2015

Fuego.

Hay tanto de mí aquí y tan poco de ti.

Las habitaciones son inmensidades,
que no se abarcan si estás solo,
si no estás tú
y siempre me quedo yo.

La ropa sucia,
los cristales mojados,
las luces incandescentes,
las ganas de no volver a verme.

Mi boca no deja de sonar a tu espalda,
y a tus carcajadas.

Toda la ciudad eras tú
lamiendo los cristales rotos de mi pecho,
encontrándome los puntos de inflexión estropeados,
los vértices que un día dejaron de serlo.

Las miradas perdidas,
mis medias sonrisas,
todo lo que te quiero
decir,
y a veces no.

Suenan personas en vez de canciones,
no son poesías
solo cartas a todas mis catástrofes,
y tú
el fuego que arde
y sana todo.

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