8 de marzo de 2019

Mujer

Estoy empezando a sentir por primera vez que ocupo un espacio. 
Estoy empezando a reconocerme delante de los cristales del metro sin dejar que nadie más diluya mi mirada. 
Estoy empezando a crear la necesidad de ser escuchada. 

Quiero dejar de pedir perdón antes de intervenir, por si digo una estupidez. 
Quiero pertenecer a un colectivo que me respete y que no crea que tolera mis impertinencias. 
Quiero poder elegir en todo momento: ser madre, ser soltera, ser sin hijos, ser casada, ser libre, ser mujer. 

Me han hecho pagar los platos rotos que nunca toqué y ahora quiero lanzarlos todos contra el suelo. 
Me han hecho ir siempre un paso por detrás o diez por delante para que no me asalten en mitad de la noche. 
Me han hecho caer, sentirme el otro, dejar de pensar como un yo

Pero ahora, por fin, estoy empezando a dilucidar el camino. 

Tengo miles de manos tendidas queriendo que las coja para poder salvarme. 
Las manos son ellas, mis compañeras de batalla, las olvidadas, las bien queridas y las maltratadas. 
Las manos son libros, voces de protesta, pancartas gigantes y un mismo deseo al unísono. 

Estoy decidida a querer decidir. 
Estoy decidida a marchar junto a ti. 
Estoy decidida a hacer brillar a todas las que lucharon por mí. 

De una vez por todas, tengo claro que quiero ser.

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