4 de abril de 2018

Caída libre

Todo huele a cenizas.

Tus ojos son mi precipicio favorito,
la caída libre perfecta
hasta tus entrañas.

Tienes mis labios apuntando a tu boca,
la voz quebrada
en un llanto inexorable.

Todo suena a roto. 

Mis dedos coloreando tu garganta,
deslizándose por cualquier curvatura,
abriendo espacios saturados.

Tengo las manías repletas de besos,
las ganas de dormir llenas de sueños,
el último día como el primero.

Todo está helado. 

Tus manos se entrelazan con mi espalda
el vértice modelo,
la cuadratura del círculo de los otros.

Tienes mis líneas preferidas,
las rectas,
tus constelaciones costales.

Todo es gris. 

Mis gritos son parte de la risa,
provócame despacio,
hazte luz.

Tengo el tiempo
proyectándose hacia el ahora,
acábame tú.

Todo sabe a tu lengua. 

Ya no importa si hay
cenizas, añicos, frío o tonos grises
porque todas las flores nacen en tu boca.



14 de marzo de 2018

A.

Ella era todas las flores que crecían en jardines áridos.
Ella sonaba
y reía, en cualquier estación del año.
Ella pintaba de colores todas las mañanas
con su café.

Ella es luz
y paz,
besos en la frente
y un terremoto.

Ella incendiaba los pasillos,
enternecía miradas,
era la ruta
y los pasos.

Todo su amor
no se mide
se siente,
y ya no podremos quebrarnos en más pedazos.

Te quiero sin remedio
y sin cesar,
a pesar de que tu puerta se haya cerrado por última vez.


A mi preferida, 
a mi eterna. 
A.

21 de noviembre de 2017

Ser-ahí

Estoy y permanezco sin ser. 

Estoy arrojada
a un espacio
temporal
que no deja de ahogarme.

No me aprietes más.

Tengo miedo a no comprender,
a dejar de ver
a desmaterializarme.

Vuélvete luz en medio del bosque,
muere en mi boca
siémbranos en un jardín con rosas.

Auxilio.

Ya no grito
ni me rompo
sin recogerme los pedazos primero.

Estoy a punto de dejar de creer
quiero poder crear
y al fin desear querer ser.

Prométeme que algún día se acabará,
y que nos convertiremos,
otra vez,
en sonrisas que emanan de los libros más tristes de poesía.

27 de junio de 2017

Girasoles

Esto no trata sobre tú y yo.

He empezado a creer que me alejo
a kilómetros
de los cafés de media tarde
y las charlas telepáticas.

Estoy buscando restablecerme,
dejar de ser la séptima cara de un dado,
volver a empañar mis cristales
con miles de risas entrecortadas.

Me he visto escuchando
audiolibros sobre cómo hacerlo bien,
cómo paliar
la autoflagelación que siento
por los demás
por ti
por mí.

No es culpa de nadie,
creo.
La autorrealización personal
contiene todo lo que debemos saber
en dos palabras.

Puedo ayudarte
a levantarte
una
y otra
vez.
Enseñarte
a dejar de
caer.
Si tú quisieras
podría
incluso
hacerte sonreír.

Pero ya dije que esto no trata sobre tú y yo.

Quiero recostarme entre girasoles,
ponerme
cuando haya salido el sol.
Dinamitar de una vez la causalidad.

Quiero regalarme flores
todos los días
besar(te) una vez a la semana
y no pedir perdón
por haber sentido demasiado.

Estoy apunto de arder
entre canciones de Alexandra Savior
y poemas de Pizarnik.

Quiero salir ya de aquí
y no encuentro
ningún cartel
que señale
a dónde debería ir,
hacia dónde debería marcharme,
a cuánta distancia y dirección
contraria
me llevará de ti.

31 de enero de 2017

Ya no me puedes salvar

Imagínate que no me has desgarrado por dentro,
que no has sangrado en mi pecho
y te has regocijado luego en mi eco
cuando ya no te hacía falta.



Y yo creí que podrías salvarme.

24 de noviembre de 2016

El pensamiento circular

«Vuelve a pensar en él, 
con las piernas por el aire, 
y esperando no encontrarse nunca más.»


Recaer es solo tener que prometer que no lo volverás a hacer.
Nunca, nunca.

Tengo la boca llena de rosas negras,
sin espinas,
ya no me desangran.

Estoy lamiendo los daños,
las ganas,
tu ruido. 

Estoy temblando de miedo,
de frío.

La sangre hirviendo,
tus pupilas dilatadas,
el otro lado de la almohada,
y acabará. 

Pero no llegues lejos,
marchítate aquí mismo
y hazlo conmigo,
delante de mí,
detrás,
dentro, 
lento. 

Luego prométeme que no eres como Annie,
todavía me duele la despedida,
el que no vayas a regresar,
Allen y yo te queríamos.

Volveremos a reírnos,
seguro,
todavía lo estamos haciendo. 

2 de octubre de 2016

Os juro que ya no me duele nada.

Os juro que ya no me duele nada.
Ya no echo de menos 1999,
los segundos asaltos,
ni los incendios de nieve.

Todo va bien.
Tienes todo el tiempo del mundo para creerme,
te lo puedo demostrar.

He roto las ventanas del salón
y ni siquiera estaba ahí.
No recuerdo como sucedió,
de pronto,
apareciste,
una vez más.
Y yo
me rompí,
en millones de pedazos,
en millones de parpadeos.

No quiero jugar más a esto.
Quiero que se vayan todos los fantasmas de mi almohada,
y que aparezca de una vez el monstruo de encima de mi cama. 
Que se solape el llanto
y el abrazo de
‘todo va a ir bien’.

Nunca llega el último salto,
la fuerza
que no dejo de buscar,
fuera
de
mí.

Luego va a llover en todas las habitaciones
y tú sigues escuchándome,
compadeciéndote,
de las quejas desafortunadas,
de las malas decisiones,
en cualquier caso,
otra vez
de
mí.

Y yo ya no puedo volver a oírte decir,
‘todo va a salir bien’,
porque nada,
n a d a,
va bien
hace
demasiadas
estaciones.

Octubre ya ha llegado
y va a acabar por
flagelarse conmigo,
hasta que sangremos
todas las hojas
que no son nuestras.